Hay, más que nada, un desesperado intento de tatuar todas las emociones de esta tarde en mi piel. Es lo único, en realidad. Es tratar de hacer más reales, más vitales, todas las sensaciones que despertaron esas notas: La letanía solitaria de Johanes, primero, y la abrumadora potencia, esa tormenta desértica de notas fumadas, jams improvisados y saturación stoner de Homme y cía después, entablaron una comunicación directa con mi alma, bajo el cielo gris de una Buenos Aires ajena.
Tal vez las primeras líneas de esta carta las ensayé en silencio, en la paz de las sierras que ahora me ven volver: ajenas a mí son las calles angostas, los tétricos subtes, el frenesí vehícular y el mutismo porteño. Fuí por una sola razón: Encontrar y escuchar en directo esas canciones que me hacen vibrar sentado en casa, sólo que esta vez estando allí, a diez metros, viendo como surgen.
Los riffs demoledores, la poesía en las letras, la cadencia de la voz: la mímica del showman. La precisión, el amague y la coda. Todo eso estaba contenido en cada nota, en cada grito con destino de afonía para la mañana siguiente, estaba ese vacío de silencio desértico tomando forma en el alma. Como siempre, pero bajo esa lluvia más que nunca
Cualquier cosa que hagas, no se lo digas a nadie
Escrito por
Matías Orange
on 13 de octubre de 2010




4 devoluciones:
En efecto, no puedo hablar, me duelen las piernas, pero nada importa.
La verdad que no se entiende mucho este blog...
¿Si? Uh.
Me gustó mucho lo de tatuar las emociones en la piel... es algo muy verdadero en los sentimientos, solo que es difícil encontrar palabras lindas para decirlo.
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Negrero.